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Viernes, 15 De Diciembre De 2017

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Internacional

La tragedia de Chapecoense, relatada por un sobreviviente

12 de Diciembre - Se trata de Rafael Henzel, periodista que viajaba en el avión que transportaba al plantel y a un total de 76 pasajeros rumbo a Colombia, quien contó con lujo de detalles cómo fue el choque que dejó un saldo de 71 muertos. "Solo por un milagro de Dios ahora mismo estoy relatando esta tragedia tan dolorosa", aseguró.

La carta completa de Henzel:

"Me llamo Rafael Henzel y quiero contar mi experiencia tras haber sobrevivido a la tragedia del avión en el que iba la plantilla del Chapecoense. Aquella noche fallecieron 71 personas y sobrevivieron sólo seis, uno de ellos soy yo.

La aventura de aquel viaje la comenzamos en Sao Paulo e hicimos y después de poco más de una hora llegamos a Santa Cruz de la Sierra. Allí nos estaba esperando el avión de LaMia para trasladarnos a Medellín. El ambiente que había en la delegación era de felicidad, ya que todo el mundo estaba alegre por el acontecimiento al que íbamos. Estaba la plantilla, los entrenadores, la prensa, había empresarios, todo era en el marco de un clima festivo.

El vuelo desde Bolivia transcurría con normalidad hasta que cogimos una turbulencia y saltó una alarma, que a la postre sería la única alarma que hicieron sonar los comisarios de bordo.

El vuelo se estaba extendiendo más tiempo de lo normal y cuando comenzamos a preguntar si ya era hora para aterrizar, los tripulantes siempre nos respondían que faltaban 10 minutos para llegar. Ante cada consulta que hacíamos teníamos la misma respuesta.

De un momento a otro, las luces del avión se apagaron sin que nadie, pero nadie nos haya informado de alguna anomalía que estuviese ocurriendo. Desmiento totalmente que la tripulación nos haya prevenido en algún instante sobre la falta de combustible y de que podíamos realizar un aterrizaje de emergencia. Esa información nunca, nunca, nos la dieron.

No recuerdo cuanto tiempo pasó desde que apagaron las luces y el avión se estrelló. Sólo me acuerdo de que miré hacia mi lado izquierdo, ya que estaba en la penúltima fila del avión, y vi a un comisario de a bordo que tenía el cinturón de seguridad bien extendido. Por esa imagen, imagino que ni esa persona sabía exactamente lo que estaba ocurriendo en ese momento.

Cuando el avión quedó a oscuras, el silencio que hubo fue sepulcral, aterrador, porque todos los motores dejaron de funcionar. Después de ese silencio tan atroz, el avión chocó. Tuve la suerte de despertarme cuando unos socorristas pasaban cerca de donde había caído y comencé a gritarles para llamarles la atención para que me atendieran. Yo fui rescatado de penúltimo.

Mi asiento había quedado atrapado entre dos árboles y mis piernas estaban atrapadas entre las ramas. Cuando desperté ví a mis dos colegas (Renan Agnolin y Djalma Neto), con los que iba sentados, junto a mi, ya que se habían despegado los tres asientos a la vez. Yo iba en el medio de los tres. Ellos dos fallecieron.

A partir de ese momento comenzó un problema muy serio y demasiado complicado para que pudieran sacarme y ponerme a salvo. Ellos andaban sin camillas, en el suelo había muchas piedras y no estaba firme por el agua que había. Además, para completar ese momento de angustia, mi cuerpo estaba en la parte alta y para bajarme y ponerme a salvo era demasiado empinado.

Pero el esfuerzo que hicieron esos socorristas para sacarme de allí sin que me agravara alguna lesión fue tremendo y lo lograron hasta llevarme a una zona en la que había ambulancias. Desde ese momento pasaron 40 minutos hasta que llegué al hospital.

Desde el momento en el que desperté quedé lúcido y recuerdo todo. Tanto es así que al llegar al hospital pedí hablar con mi familia en Chapecó para informarles que había sobrevivido. Esa llamada fue un alivio para mi familia, ya que las primeras informaciones que les había llegado era que había dos pasajeros con el nombre de Rafael y que uno de ellos había fallecido, pero nadie podía precisaba a qué Rafael mencionaban.

Me marcó mucho durante esa llamada cuando mi hijo [tiene 11 años] me dijo que él sabía que yo no había muerto porque él me sentía vivo dentro suyo y que mi respiración estaba presente en su corazón. Esas palabras fueron una inyección de vida en mi cuerpo.

Por un milagro de Dios ahora mismo estoy relatando esta tragedia tan dolorosa. Ahora lo que quiero es regresar a Chapecó para continuar con mi recuperación y poder retomar mi vida cotidiana y profesional.

Si Dios quiere, espero que 2017 sea un mejor año, aunque yo, personalmente, no reclamo cómo me fue en 2016 y tampoco me quejo de este terrible accidente del avión que llevaba al Chapecoense, porque estoy con vida y estoy con mi familia.

Lo único doloroso es que ya no tendremos a nuestro lado a los chicos del equipo y tampoco a mis compañeros de trabajo que fallecieron. Estas pérdidas son lo que más me lastiman si tengo que dar una opinión sobre el accidente.

Lo que sí quiero decir en voz muy alta es que esta tragedia que unió para siempre a Colombia y a Brasil y que unió al mundo entero pueda entrar en el corazón de todos los aficionados y recordar que el fútbol es eso: hermandad entre todos y bajo ningún concepto en el fútbol tiene que haber peleas, violencia o muertes. No.

Este acontecimiento tiene que quedar como un legado de toda esa unión mundial que hubo alrededor del Chapecoense en estas dos semanas. En la cabeza de los hinchas tiene que entrar que el fútbol es todo lo bonito que pueda ocurrir dentro del campo de juego.

Le agradezco enormemente al pueblo colombiano lo que hicieron por todos nosotros".


Escrita por Kevin Kupferberg (http://www.twitter.com/KevinKup1)

por ContraGolpe